Sin cortarse un pelo
Después de jugar innumerables partidos contra los chavales del campus, nos atendió pidiendo agua y frutas como si corriera en el desierto: sudaba como si estuviera jugando las Finales de la NBA.
Sin embargo, el tipo estuvo extremadamente simpático, bromeando todo el rato, algo más de lo exigible a un profesional. Respondió a las preguntas sin cortarse un pelo, ya hablara de los árbitros corruptos o de la antipatía que siente hacia él David Stern ("Me gusta no ser de sus favoritos", dijo). Tiene la voz ligeramente rota, lo que le da un aire de tío duro a su cara, la de un chico más joven de lo que es, aunque esté surcada por las cicatrices de las puñaladas que recibió hace ocho años.

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